Las vidrieras de J.M.Bonet y el proyectista Rafael Caseres en el Obispado de Lérida

Recientemente visitamos la ciudad de Lérida en busca de dos vidrieras realizadas durante los años cincuenta en nuestro taller. Aunque el taller J.M.Bonet tiene sus orígenes en la provincia, no es donde ha desarrollado los proyectos más grandes como empresa.

El hallazgo de documentación en el archivo de la empresa puso al descubierto dos trabajos de los que no teníamos noticia, el rosetón de la parroquia de la Madre de Dios del Carmen y según la documentación un tríptico con ángeles en la capilla de la escuela del Sagrada Corazón. Dentro de nuestro trabajo dedicamos parte del tiempo a documentar los trabajos que hemos hecho y a menudo encontramos sorpresas que no constaban en el archivo y otros que se nos atribuyen pero que son anteriores a la actividad del taller y por tanto no pueden atribuírsenos.

Los principios de Vitralls Bonet

El fundador del taller Bonet fue Josep Maria Bonet (La Seu d’Urgell, 1903 – Barcelona, 1988) fue maestro vidriero de la primera mitad del siglo XX. Fue cofundador del taller que lleva su nombre junto con su hermano, Javier Bonet (1897-1985), y que aún se mantiene en plena actividad. La familia tiene antiguas raíces en el pueblo de Arsèguel, en el Alt Urgell. De muy joven , Bonet estudió en Barcelona en la escuela Llotja, donde entabló amistades con artistas con los que más adelante fructificarían colaboraciones en el campo de la vidriera (como Montsardà, Labarta y Comaleran) y más tarde aprendió el oficio en el taller del vidriero Oriach, donde ya trabajaba su hermano.

Establecieron el taller en el nº6 de la calle Asturias del barrio de Grácia, donde aún está actualmente. Sus primeros trabajos fueron de la mano del artista Darius Vilàs y del arquitecto Josep Maria Pericas, las vidrieras de la parroquia del Carme de Barcelona , de la Parroquia de Sant Joan de Reus y las vidrieras de la Cripta de la Sagrada Familia de Barcelona. El taller trabajaba en la realización de vidrieras emplomadas, en su restauración y en vidrios gravados. El taller fue colectivizado durante la guerra civil y tanto J.M.Bonet como Javier Bonet se dedicaron a otras actividades profesionales.

Vidrieras en la Posguerra

Al acabar la guerra, el taller se concentró en la reconstrucción de los templos destruidos durante la guerra. J.M.Bonet trabajó en las vidrieras de la sala capítular del monasterio de Poblet, en las vidrieras del monasterio de Vallbona de las Monjas, en las vidrieras Santes Creus, en las vidrieras de Santa María de las Avellanas , en Sant Joan de Lleida, en la Catedral de Sant Feliu de Llobregat según dibujos de Francesc Labarta y en las parroquias de Jesús y de Sant Joan de Grácia. Trabajo también con los arquitectos Josep Maria Jujol en las parroquias de Santa Maria de Vilanova i la Geltrú i en las de Sant Joan Despí. Javier Bonet empezó nuevas aventuras empresariales y finalmente dejó sus cargos en la empresa de vidrieras que quedó en manos de José María.

Hacia los años 60, comenzó una época en que la vidriera fue un nuevo campo artístico con un discurso propio y trabajó con los artistas Will Faber en las vidrieras del crucero de la iglesia de los hogares Mundet, con el artista Ramón Rogent en las vidrieras de la capilla del Hospital de Granollers, la parroquia de Rubí y en las vidrieras de Domenech Fita para la Catedral de Girona. Con Carles Madiroles en las Carmelitas de Vic. José María Bonet recibió la carta de maestro vidriero en 1986. Murió en Barcelona en 1988.

Colaboraciones con Rafael Caseres

Las vidrieras a las que hacíamos referencia tienen en común haber sido proyectadas por el artista Rafael Caseres. En el taller Bonet se trabajaba en los años 50 manteniendo una escrupulosa división del trabajo que realizaba cada artesano en el proceso constructivo. Había proyectistas que hacían los dibujos iniciales siguiendo las indicaciones del cliente, el pintro de vidrieras, que era el responsable de adaptar el dibujo a tamaño natural y decidir por donde se cortaría cada una de las piezas, el técnico que hacia las plantillas de cada pieza, el que cortaba para que las pintara, el que emplomaba encajando las tiras de plomo y aún dos vidrieros más especializados en las dos etapas finales.

Durante muchos años uno de los proyectistas fue este artista del que además de su extensísima obra en vidriera se conservan noticias de su obra como escenógrafo y figurinista en el Centro de Documentación de las Artes Escénicas. Allí se encuentran proyectos escenográficos, diseños de figurines y hasta carteles. Alguna otra noticia dentro del circuito artístico la recoge la revista “Arts i Bells Oficis” a raíz de la exposición colectiva en las galerias Laietanes el 1931 “ Rafael Caseres se nos presenta aquí com un ilustrador tan rico en fantasia como en detalle. La coloración de sus dibujos modernísimos y la pureza de sus linieas límpias derivan de la ilustración inglesa propasada”

vidriera de Rafael CaseresTambién aparece una crítica de M. Rodriguez Codolà de 1931 citando al autor como ilustrador destacado de la agrupación artística “Uns Quants” a la que pertenecía también el pintor Gimeno.

El artista murió el verano de de 1989 a la edad de 85 años. En el taller se han conservado muchísimos proyectos, como el de Sant Joan de Reus, el de Santa María de les Avellanes, el de la Parroquia de los Ángeles en Barcelona. También se le recuerda como un profesional laborioso y dedicado en cuerpo y alma a sus artes.

De las vidrieras hechas por J.M.Bonet en Lérida encontramos las siguientes referencias. En 1955 los del colegio del Sagrat Cor, un tríptico con ángeles proyectados por Caseres y pintados por Gavaldà. Este fue un pintor de vidrieras autónomo que trabajaba de un taller a otro. Era reconocido dentro del mundo de los vidrieros como un pintor muy técnico y detallista, aunque sobre él se conservan muy pocos documentos o sólo memoria oral. En el taller J.M.Bonet se conserva una reproducción de un grabado de Durero pintada y firmada por él.

La iglesia del colegio del Sagrado Corazón está actualmente desacralizada y en nuestra visita a la ciudad visitamos el espacio de la antigua iglesa, de la que se conserva la planta, pero no la vidriera. En el archivo encontramos diversos proyectos de Caseres con ángeles que podrían ser similares a la vidriera perdida aunque quizás no sabremos nunca como lo hubiera pintado pintor de vidrieras Gavaldà.

El segundo edificio que visitamos fue la Parroquia del Carme en la Rambla de Ferran. El actual edificio fue construido después de la guerra civil por el arquitecto Gabino Lagarriga en el 1959. Con motivo de los cincuenta años de la iglesia se publicó un libro sobre la historia del templo y nos contactaron en busca de más documentos sobre los vitrales, que están firmados en la parte inferior derecha. En la documentación del taller consta que se encargó en 1961.

La vidriera tiene un diámetro de casi 4 metros, está montada en un marco de hierro en T que divide la superficie en 12 paneles, esta profusamente pintada y todas las piezas sin excepción están trabajadas con grisalla. Esto es común en las vidrieras proyectadas durante estos años. Es característico de Rafael Caseres el perfilado perimetral de casi todas las piezas. Esto da un aire de modernidad a las vidrieras y las aleja de representaciones realistas aproximandolo al mundo de la ilustración. La escena representada es la aparición de la Virgen a Simon Stock, en la que este monje recibió los escapularios de la orden.

La vidriera se encuentra en buen estado de conservación con algunas pequeñas alteraciones muy comunes en las obras de esta época: pequeñas fracturas accidentales en las piezas de vidrio y el craquelado de algunas grisallas. No se ha conservado el proyecto original.

Las vidrieras son, a veces, una parte del patrimonio un poco olvidada y maltratada. Tanto por los encargados de la gestión del patrimonio como por los historiadores. Están llenas de detalles únicos que las hacen muy especiales y que esperamos poder difundir poco a poco, explicando más detalles de cómo se elaboraban y se elaboran, de quién y cómo los hace para conseguir la valoración que creemos que deberían tener. Las vidrieras de los obispados catalanes tienen una historia casi milenaria y nuestras obras actuales  son sus herederas.

Parte del artículo aparecido en la revista Taüll nº 44

2017-11-29T08:47:27+00:00

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